viernes, 30 de diciembre de 2005

Soy el trabajo concluido de Jack

CSP acto 1

Recuerdo mis primeros días del colegio. Fueron días de ilusiones, de conocer a los nuevos compañeros. De conocer gente a la que el tiempo desnuda y que acaban anundándose a tí. Tiempo de fomentar amistades que han de durar. Cuando yo llegué ya había empezado el curso. Era uno de los niños nuevos. Desde el principo las niñas nos dejaron jugar a la comba y los niños nos invitaron a jugar a las canicas. Era divertido corretear y brincar. Entre los nuevos nos llevábamos muy bien. Llegamos casi al mismo tiempo y eso, recuerdo, nos hizo tener algo en común. El instituto fué distinto. Intentando estudiar sin perder de vista a los de la última fila. Con ellos costó mas. Recuerdo el día en el que casi me echaron del insti. Con los de la última había que andarse con ojo.

CSP acto 2

Con la universidad llegó la adolescencia y ésta tenía otro sabor. Sabor a conciertos, a ilusiones de futuro. Viajes al norte. Futbol. Farras y cacharros. Ésa época no me costó. La recuerdo con cariño. Quizás es la que mejor recuerdo me dejó en la nuca. Con poco esfuerzo fuí sacando todos los cursos. Mientras, el tiempo seguió desabrigando a los que me rodeaban. Prenda a prenda.

REDIP acto 1

Llegó la madurez. La salida de la universidad hacia un mundo nuevo. Algo por descubrir. Nuevos retos y nuevas personas que conocer. Ideas, esperanzas, convicciones. Poco a poco fuí haciendome camino en los trabajos por los que fuí pasando. Tuve que sufrir alguna gran pérdida. Algo que me dejó bastante tocado. Pero tuve allí el apoyo de todos esos a los que había terminado por desnudar el tiempo. Tiritándo lágrimas por la fidelidad que obtuve, intenté devolver con abrazos y besos todo ese cariño que me sirvió de tanta ayuda. Seguí con mis responsabilidades como terapia constructiva.

REDIP acto 2

Hasta llegar a los años dorados. Cuando parece que solo sirves para ver la tele, dar paseos y después dormirte con el transistor. Todo amenizado con pequeños viajes del inserso a Benidorm y con juergas en el ático de la ballesol mirándo los escotes de las enfermeras. Tiempo de tranquilidades. Tiempo de meditación, de miradas atrás.

Hoy he muerto.

Soy el trabajo concluido de Jack

No se si me espera algún tipo de purgatorio, cielo, infierno o fiesta de guardar. O quizás sólo tierra. Creo que me quedo con la reencarnación. Si, suena bien. con la ilusión de un niño que se enfrenta a algo nuevo.

Soy el sudor frio de Jack

lunes, 19 de diciembre de 2005

Nunca pasa aquí

Fundido en negro, comienzan los títulos de crédito. La historia ha terminado. La mitad de la pequeña sala de cine permanece inmóvil. No en vano sabes que es una de esas salas en las que pasan de ésas que están fuera del circuito. De las que va gente a las que les gusta difrutar de los títulos de crédito. Pero sabes que hoy esa no es la razón.

Tu mente lucha internamente con el corazón. El silencio empieza a incomodar, el silencio de las palabras. La boca va de por libre, suelta un 'es buenísima'. Se repite el silencio. Otra boca autónoma se atreve con un 'la música me ha encantado'. Sales del cine hablando de la canción de los títulos, de David Byrne y su extraña radio en internet.

Acabas en un garito de esos que hay que llamar a la puerta y ponen jazz. Ese rollo te gusta. Al mismo tiempo te tranquiliza y te hace sentir distinto. Te ayuda a evadirte. Pides una copa y disfrutas de la velada.

Eso nunca pasa aquí.

Hace poco intentaba convencer a una amiga de Polonia que aquí había tipos que pensaban que el holocausto judio era pura inventiva. Algún tipo de ministerio de la verdad se habría estado inventando una nueva guerra contra Eurasia.

La película sigue en tu cabeza. Es demasiado real para obviarla. Parece que con Kosovo no va a poder ocurrir lo mismo. Almacenes enteros con cintas de entrevistas a personas que han conseguido sobrevivir a aquello. También había cámaras entonces pero el blanco y negro siempre ha sugerido ese jodido punto distante. Pero allí están todas, en un auténtico pal color y preparadas para el método Ludovico.

Mientras, el resto disfrutamos hablando de música, golpeando puertas de garitos e intentándo autoadministrarnos el método en los cines. Al fin y al cabo la película era buenísima. Hace pensar.

Eso nunca pasa aquí.

La vida sigue, la historia se repite.
Las historias se repiten.